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¿Cuando `los nuestros´ dejan de serlo?

Fuente: Paco Bello http://iniciativadebate.org/

Para considerar a alguien o algo afín, es obvio que primero tiene que expresarse con convicción en aquellos principios similares a los nuestros, a los de cada uno o una. Si durante un espacio razonable de tiempo lo hace, o en otro caso si su mensaje tiene una gran difusión, llegará un momento en el que lo sentiremos próximo. Y cuando sentimos proximidad, nuestro juicio, por decirlo de alguna manera, se relaja. Este comportamiento es normal, es lógico, y es muy sano: lo conocemos como confianza. Así, una vez llegados a este punto, lo que también solemos hacer, cada cual en un grado distinto, es, si vienen desde esa entidad a la que hemos concedido crédito, defender criterios y decisiones contrarias a las que un día nos hicieron sentir esa cercanía, fraternidad, camaradería, o como queramos denominarlo: contrarias a las nuestras. Y sí, es humano justificar las decisiones de los que consideramos próximos ideológicamente, pero todo tiene un límite, ¿dónde está ese límite?

El mejor ejemplo para ilustrarlo es Syriza, y especialmente el caso de su líder, Alexis Tsipras. Voy a mostrar cinco hechos lo suficientemente controvertidos por separado como para plantearnos qué hay de realidad en esa presunta proximidad de principios o ideológica. Hay quien se pone el listón en el primero, quien lo haría en el cuarto, y quien nunca abandona los barcos a los que se sube. Aunque esto último suele tener dos explicaciones posibles: sucios intereses particulares o un fanatismo cuya causa pudiera tener origen en algún trastorno psiquiátrico.

Abandonando el referéndum sobre el euro y a la ruptura con la OTAN

Hay quien dirá que gracias a la moderación Syriza ha llegado a gobernar el país, pero eso sería olvidar que en 2012, con un programa que sí contemplaba, por ejemplo, someter a referéndum vinculante todos los acuerdos europeos de Grecia y que apostaba sin concesiones por la retirada del país de la OTAN y la ruptura de acuerdos con Israel, ya estuvo muy cerca de hacerlo, tanto como a 175.000 votos. A nadie se le puede escapar que en 2015, tras los casi dos terribles años del gobierno de coalición (ND, PASOK e ID), hubieran ganado igualmente sin hacer ningún tipo de concesiones.

Un gobierno sin mujeres

Para muchas personas está claro que un gobierno debe estar compuesto por los o las mejores, no importa si hay mayoría de mujeres o de hombres, pero ¿de verdad no había ninguna mujer capacitada para formar parte de ese gobierno en toda Grecia?, ¿ni una?

Sonrisas con el dictador

Creo que no pocos hemos intentado hacer como que esta imagen no existía. Eso de ‘los nuestros’ tira mucho. Pero pese a todo, ese fue el día en el que decidí que el pueblo griego era mucho más decente que su primer ministro.

Una cosa es la realpolitik (si es que eso no es más que un recurrente artificio para justificar lo injustificable), y otra, una vez aceptado que tenemos que vendernos, pasar de la diplomacia a la familiaridad con un dictador asesino como Al-Sisi.

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Oxi es mucho menos que no

Es muy democrático consultar al pueblo en referéndum si algo debe o no hacerse. Pero la magia se rompe si te pasas su decisión por el arco del triunfo. Y es que cabía la posibilidad de volver a hacerlo, de volver a pedir que decidieran, porque es ese mismo pueblo que después va a sufrir las consecuencias el que debe hacerse responsable de las mismas, y no decidir por él en aquello para lo que no tenemos una especie de potestad (al menos ética) divina como si fuéramos seres superiores.

Aquí no hay ninguna excusa posible. Si es susto o muerte y qué decisión considerar una cosa u otra, compete a aquel en el que está depositada la soberanía nacional de cualquier país que se diga demócrata. Lo demás es totalitarismo, con o sin elecciones de por medio y se llame como se llame, aunque se denomine Partido de la Humanidad la Decencia y la Democracia Directa, aquel que gobierna.

Acuerdos militares con Israel

Solo dos países del mundo han firmado una ‘SOFA’ con Israel (un acuerdo que permite a las fuerzas armadas de un país permanecer en otro y viceversa). Uno, que ha sido el único hasta hoy, es EE.UU. El otro, que acaba de incorporarse, es Grecia. Esto no lo había hecho ni el PP griego (Nueva Democracia), pero ha tenido que llegar al poder la presunta ‘izquierda radical’ para atreverse, para firmarlo. Qué lejos está junio de 2012, cuando aún figuraba en el programa de Syriza romper con todos los acuerdos menores en materia militar con ese mismo país con el que ahora se firma uno de gran nivel.

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Ya están los cinco, aunque hubiera podido añadir bastantes más, empezando por la destitución de los ministros disidentes. Lo que sí sé es que hay a quien ni con cincuenta le iba a facilitar información suficiente para cambiar de opinión. Y esto es casi una verdad universal, tanto en cuanto a que el sectarismo existe como en cuanto a que no es solo en Grecia.

Nos empeñamos en comprender lo que sea por rocambolesco que resulte el argumento, y por críptica que acabe siendo la justificación, cuando lo lógico suele siempre ser lo más sencillo, y lo demás solo nos convence a nosotros mismos: lo mismo recurrir a Laclau que a un rebuzno.

Cuando se dan estos casos, y se dan a diario, siempre recuerdo el capítulo que se vivió en este país a cuenta del sufragio femenino entre Clara Campoamor y Victoria Kent¹: dos mujeres, dos diputadas, y dos feministas. Estaba claro que si finalmente en 1931 se aprobaba que pudiera votar la mujer en una sociedad dominada culturalmente por la iglesia (frecuentada especialmente por mujeres sometidas a su doctrina), la derecha católica se haría con el gobierno en las siguientes elecciones, como así ocurrió. ¿Era este motivo suficiente para no acabar con la desigualdad?

Afortunadamente ganó la posición ética de Clara Campoamor, y no la estratégica y posibilista de Victoria Kent. Y sí, V. Kent acertó, ganó la derecha, aunque eso también lo sabía C. Campoamor, ¿y qué?

La derecha cuando se hacen concesiones (y no precisamente el voto femenino) siempre gana, por las buenas o por las malas, y parece que no aprendemos. Cuando después de ese bienio negro ‘facilitado’ por el voto femenino volvió a ganar la izquierda en 1936 con una mayoría aplastante de diputados, la democracia duró cinco meses. La izquierda tiende a considerar racional a la derecha, y actúa en consecuencia. Así llegó la guerra civil española y la Iª y IIª guerra mundial, no precisamente por su radicalidad izquierdista, sino precisamente por su falta de firmeza y por ese buenismo entre natural y estratégico que tan mal ha funcionado hasta ahora.

Creer que la estrategia es válida en un mundo poblado por seres humanos cada día parece más infantil. Buscar cauces racionales al antagonismo no lo parece menos. La única defensa que no choca contra nuestra comprensión es la de la ética, y hoy, como ayer lo era decidir si la mujer debía tener derecho al voto, para algunos no hay vuelta de hoja sobre cuestiones que más allá de tacticismos son tan evidentes como que hay que posicionarse sobre si debemos permanecer en una organización que provoca guerras allende nuestras fronteras y que coloca bases militares en nuestro territorio como la OTAN, o si la solidaridad debiera ser un principio fundamental, o si la desigualdad se debe proteger por decreto, o si debemos seguir siendo miembros de un conglomerado que nos deja sin capacidad política o económica como la UE o el Euro, o si es normal que el jefe del Ejército y del Estado sea alguien a quien nadie elige y que se sucede por derecho de sangre (y por si fuera poco poniendo al primogénito varón por delante de cualquier mujer).

Luego el tiempo dirá lo que tiene que suceder, pero será ese mismo tiempo el que lo haga aunque intentemos, a costa de nuestro sufrimiento presente, intentar evitar males futuros renunciando a nuestros principios sin ninguna seguridad de éxito.

¿Cuándo ‘los nuestros’ dejan de serlo? ¿Cuándo nosotros dejamos de ser nosotros?